Lucas 17, 3b-10: Auméntanos la fe

Evangelio - Domingo 27 (Ciclo C)


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas     17, 3b-10

 Dijo el Señor a sus discípulos: «Si tu hermano peca, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo. Y si peca siete veces al día contra ti, y otras tantas vuelve a ti diciendo: "Me arrepiento", perdónalo». Los apóstoles le dijeron al Señor: «Auméntanos la fe». Él respondió: «Si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, y dijeran a esa morera que está ahí: "Arráncate de raíz y plántate en el mar", ella les obedecería. Supongamos que uno de ustedes tiene un servidor para arar o cuidar el ganado. Cuando este regresa del campo, ¿acaso le dirá: "Ven pronto y siéntate a la mesa"? ¿No le dirá más bien: "Prepárame la cena y recógete la túnica para servirme hasta que yo haya comido y bebido, y tú comerás y beberás después"? ¿Deberá mostrarse agradecido con el servidor porque hizo lo que se le mandó? Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les mande, digan: "Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber"». 


Palabra del Señor




 Comentario

Encontramos varias enseñanzas de Jesús a los discípulos (v. 1) y a los apóstoles (v. 5). Este detalle puede pasar inadvertido, pero discípulo y apóstol no son lo mismo. En el primero de los casos, deriva del latín discipulus, palabra con la que se define a alguien que es estudiante de otro. Quienes se acercaban a Jesús para aprender de Él lo llamaban Rabí, Maestro, etc. Apóstol proviene de apostolos, que significa mensajero.


Para explicarlo de una forma sencilla: Cristo tenía muchos discípulos, pero solo doce apóstoles. Los discípulos son, por caso, los 72 que reciben el mandato misionero de parte de Jesús (Lc 10,1), mientras que los apóstoles son aquellos doce que el propio Cristo eligió (Mc 3,13) y que recibieron el poder de perdonar pecados (Jn 20,23) y la comisión de predicar el Evangelio en todo el mundo, bautizando en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (Mt 28,19-20). De aquí se desprende una conclusión: un apóstol es, antes que nada, discípulo, pero no todo discípulo llega a ser apóstol.


Es cierto que más allá de esta distinción, hay un fondo común en estas lecciones de Jesús, y obedecen a la conducta de los cristianos en la futura vida de la Iglesia, especialmente de aquellos que ocupan algún cargo.


Tomemos algunos puntos de referencia para comprender mejor esta perícopa:


V. 3-4: Jesús plantea la grandeza de corazón como requisito indispensable para el perdón de las ofensas. No se está haciendo aquí campaña por un tipo de perdón ingenuo, pues se debe intervenir con la seriedad propia de quien debe reprender al pecador para que cambie de actitud. El perdón está atado a la conversión: “y si se arrepiente, perdónalo”.


Los discípulos eran una comunidad de hermanos, al igual que lo somos nosotros en la actualidad. Y como hermanos no vale la premisa del “yo me salvo solo y los demás que se arreglen como puedan”. Un verdadero cristiano debe preocuparse por la salvación de los demás.


V. 5: los apóstoles piden al Señor que aumente su fe. ¡Qué hermosa y necesaria respuesta para la oración de los fieles, ser una comunidad que pide al Señor que aumente su fe! Y qué imprescindible en el día a día, rogar para que nuestra fe, que muchas veces no llega a ser un grano de mostaza, crezca para poder ser compartida con aquellos que nos rodean.

Puede parecer que la respuesta del Señor se balancea en el contorno del reproche, pero no debe ser vista necesariamente de esa forma. Por el contrario, flota el aliento en las palabras de Cristo cuando, con el ejemplo de la morera, enfatiza que si desde la fe se pide a Dios con confianza y humildad pueden producirse milagros o hechos considerados a priori imposibles.


El pasaje concluye con una lección en torno al servicio (v.7-10). Sin duda que estamos ante una parábola que presenta un tono bastante fuerte, donde Jesús se vale una vez más de un ejemplo de aquella época que sus contemporáneos podrían asimilar mejor. Esta parábola propone una instrucción respecto a la actitud del hombre para con Dios.


Hay que tener en cuenta para entender esta parte final que los doctores de la Ley entre los fariseos concebían la vinculación entre Dios y el hombre como una especie de relación contractual: yo doy para que Dios me dé, es decir, una contraprestación: si cumplo la ley de Dios, entonces Él me debe una recompensa. La parábola de Jesús viene a decir “miren que Dios no les debe nada”, pues todo lo que hace es por un acto libre, un ejercicio de su voluntad.


Preguntas para estudio


1. ¿Qué diferencia hay entre apóstol y discípulo?


2. ¿Qué requisito indispensable plantea Jesúspara el perdón de las ofensas?


3. ¿Cuál es la enseñanza que deja Jesús por medio de la relación entre el amo y el sirviente?


Mariano Torrent